jueves, 5 de enero de 2012

La curiosa sucesión del marquesado de Palmerola y demás Títulos vinculados

Todo el mundo sabe, o al menos casi todo el mundo, que los Títulos nobiliarios los sucede el que tiene mejor derecho.

Así, en una primera instancia, serán los hijos quienes sucedan. A falta de hijos, los hermanos. A falta de hermanos, los sobrinos, etc.

Esto no fue así en la sucesión del marquesado de Palmerola y resto de Títulos asociados: marquesado de Callús, condado de Fonollar y baronía de Montclar.

Estos Títulos estaban en posesión del linaje trocal de los Despujol. Tras la muerte sin sucesión de don José María Despujol y Ricart, Chaves y Fernández de Córdoba, los Títulos deberían haber pasado a su sobrino, don Mariano Ventosa y Despujol (hermano mayor de la abuela paterna del redactor de este blog).

A la muerte de don Jose Mª Despujol, su sobrino Mariano ya había muerto, por lo que la sucesión de los Títulos recaía en su sobrina-nieta, doña Consuelo Ventosa Marqués, hija de don Mariano. Hasta aquí todo bien.

El problema, es que doña Consuelo se había casado con don Félix Muñoz, y este matrimonio no era del agrado del marqués.

Como castigo, y al ser el marqués de Palmerola amigo del anterior Jefe del Estado, consiguió que éste cambiara el orden de sucesión, nombrando sucesor a un sobrino tercero, don Ignacio Despujol Burgoyne, que es quien lleva hoy en día los Títulos que, por legítimo derecho, pertenecen a doña Consuelo Ventosa.

El actual marqués de Palmerola, desciende de la línea iniciada por don Eulogio Despujol y Dusay, conde de Caspe y barón del Castillo de Burjasénia, por lo que nadie le discute su nobleza, pero sí, en cualquier caso, su legitimidad.

Pero aún hay más, y es que a don Ignacio le tocó la lotería, puesto que los Títulos en los que sucedió llevaban asociado un importante patrimonio que también heredó y del que, lamentablemente se ha ido desprendiendo. Dentro de esta herencia, hoy vendida, estaba la finca conocida como “El Despujol”, solar del linaje y que hoy en día es la sede del Ayuntamiento de Masies de Voltregà.


Una verdadera lástima.

Un motivo más que refuerza la tesis expuesta hace unos días en otra entrada.